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Talca, Región del Maule, Chile
Me describo como un tipo común y corriente, sincero, humilde, auténtico, original, carismático, con sentido del humor, etc. Tengo mis ideas súper claras, en resumen creo ser una buena persona que no anda aparentado ser lo que no es. Soy una persona tan común y corriente como cualquiera de ustedes, con las mismas debilidades y errores. Al igual que la mayoría, también me cuesta orar y leer la Biblia, pero siempre hago el esfuerzo por intentar llevar una vida de integridad en obediencia a Dios. Mi vida es el ministerio y el ministerio también es mi vida, no podría separarlos jamás. Yo soy esto, soy un hombre común y corriente que sirve al Señor. La única diferencia con algunos otros, es que lo muestro, nada más. No trato de ser correcto, ni de hacerme el espiritual. En todo caso, soy espiritualmente normal.

martes, 31 de julio de 2012

Batman, la deconstrucción del cristo cultural occidental



La cultura de las sombras

Algunos de mis amigos ya me han reprochado la conjunción de estos dos elementos: cristianismo y Batman. Me han señalado que es un poco “loco” establecer una relación como esa. Pero con este ensayito demostraré mi hipótesis sobre esta vinculación conceptual, y en qué ideas me apoyo para iniciar la reflexión literario-filosófica. Obviamente, acepto comentarios inteligentes sobre la propuesta que hago, y por ello sugiero leer todo el ensayo antes de escribir uno. También ofrezco disculpas anticipadas si fallo en la clara explicación de algunos conceptos teológicos o cinematográficos. No olviden que esto es una propuesta filosófico-cultural, y no una opinion de si batman es bueno o malo, feo o bonito.

Un connotado filósofo francés llamado Jean-Luc Nancy asumió la idea de que Occidente y Cristianismo eran entidades conceptuales inseparables, e incluso postula la idea de que el cristianismo se ha transformado en una lógica de pensamiento cultural que está implícita en Occidente. Una prueba de ello, por ejemplo, es la famosa expresión nietzscheana “Dios ha muerto”. Al respecto, un filósofo se preguntó: ¿en qué cultura, si no en la cristiana, se enseña que un Dios muere? Con esto daba a entender que aún la idea de la muerte de Dios de un pensador nihilista occidental está inevitablemente ligada con la noción cristiana de un Dios que muere. No ahondaré más en este aspecto porque no es el fin de mi nota, pero lo utilizaré como sustento base.

Si asumimos que la cultura occidental está íntimamente ligada con el cristianismo y que ambas son inseparables, entonces podemos suponer que este problema se produce no sólo en esferas filosóficas, sino también en la literatura, las artes y el cine. De este modo me acercaré a Batman. Los films anteriores de este personaje de comic eran cercanos al concepto del superhéroe de las historietas, es decir, se ocupaban de representar la constante lucha del héroe contra sus antagonistas. Eran películas de acción.

Sin embargo, hasta los críticos de cine se dieron cuenta que el Batman que Christopher Nolan produjo en su primera película del 2005 era diferente al de Tim Burton (dos décadas antes). Esta diferencia se hizo explicita en la segunda película de la trilogía. En “El caballero de la Noche”, Nolan trató temas que escapan largamente a una película de mera acción. Propuso a un Joker (Huasón) que era una crítica moral y política a la cultura occidental. Cierto es que esta crítica se arrastra desde la primera película (“Batman Inicia”), pero con el Huasón adquiere un matiz que separa al film de Nolan del resto de las películas de superhéroes. Es que Batman, a diferencia de Ironman, Thor, y tantos otros que han sido llevados a la gran pantalla, combaten a “los malos”, pero Batman combate “el mal”, por lo tanto, Nolan se toma muy en serio el problema del mal.

¿Qué tiene que ver todo esto con la cultura occidental cristiana?

Aislemos a Batman de su ambiente y analicemos su historia y discurso. Bruce Wayne es un muchacho que anhela ansiosamente hacer justicia en la corrupta ciudad Gótica. Durante años se dedica a entrenar para combatir el crimen. Ya de vuelta en la ciudad, adopta la figura del murciélago para hacer el bien. Él, el personaje de altos ideales de justicia, se dedica a aprender cómo opera el mal, para poder combatirlo en su medio-ambiente: la oscuridad. Ya que la justicia cívica no ejerce suficiente influencia, él se hace justiciero. Es aquí donde nos encontramos con el primer concepto cristiano. El cristianismo asume que Jesús era Dios encarnado, es decir, el Dios soberano y justo se “reduce a” carne, se despoja de su gloria, y se hace tan malo como los malos de la tierra, para brindar redención. Ya que la justicia legal es incapaz de salvar al hombre, es necesario que alguien justo se haga como losinjustos para traer orden. Ese es, precisamente, el objetivo del Batman de Nolan.

Otro concepto que puede encontrarse en su historia es el de “salvación”. Algunos enemigos de Batman atacan Gótica porque creen que la ciudad es tan corrupta que no merece existir. Esto se da en las tres películas con R’as al Ghul, El Huasón y Bane. Sin embargo, Batman los combate no por un afán personalista, sino porque piensa que Gótica aún tiene “salvación”, es decir, merece existir. No todos los ciudadanos son malos, y por lo tanto aún hay esperanza. Este punto en particular tiene bastante semejanza con el reclamo que hace Abraham a Dios cuando éste iba a destruir Sodoma y Gomorra. El tópico de la ciudad corrupta está incluso en el libro de Génesis. Lo singular es que Cristo sucede igual. Según la teología cristiana, el ser humano estaba tan corrupto que Dios debía derramar su ira sobre él; en vez de hacerlo, se produce la descensión de Cristo a la tierra porque el hombre aún puede tener “salvación”. A pesar de la maldad del ser humano, Dios le quiere salvar.

Un tercer punto, íntimamente ligado a los dos anteriores, es el del sacrificio. Bruce Wayne es un empresario multi-millonario que podría invertir su vida en muchas cosas, pero enfoca toda su vida y esfuerzo a combatir el crimen debido a sus altos ideales de justicia y bien. Dios no tendría por qué salvarnos puesto que es soberano y dueño de todas las cosas,  pero aún así Cristo se entrega por la redención de la humanidad. Wayne entrega su vida no por honor ni recompensa, sino sólo por su interés salvador. De hecho, hay que decir que el cristianismo liga las ideas de sacrificio y dádiva: el sacrificio sólo se completa con la dádiva personal, y para el bien de los demás. Por ejemplo, es interesante el final de la segunda película, cuando Batman le dice al oficial Gordon que lo acusen a él de las muertes causadas por Harvy Dent, a fin de que la ciudad siga teniendo esperanza. Se hizo cargo de la maldad de otro, lo mismo que hace Cristo. El punto más álgido de este concepto se muestra en la recientemente estrenada “El caballero de la noche asciende”, en que Batman, para poder librar a ciudad Gótica de la destrucción total, se lleva la bomba y aparentemente se inmola con ella, tal como Cristo se habría inmolado en la cruz por la salvación de la humanidad.

Un cuarto concepto es el de ascensión. Luego de que Gótica es librada de la destrucción, se declara la muerte de Batman, y es transformado en el salvador de la ciudad. ¿Acaso no sucedió de manera similar con la ascensión de Jesús? Luego, y aun más sugerente, es el término de la película, que nos muestra a Bruce Wayne vivo, y nunca se explica cómo quedó vivo luego del estallido nuclear. Este tópico, sin embargo, es para la reflexión de los cinéfilos, no para mí.

Conclusiones abiertas

No es difícil observar que el Batman de Nolan cumple con todos los patrones regulares del pensamiento mesiánico. Ahora bien, nadie puede asegurar que Nolan lo haya hecho a propósito. Sea como sea, este repaso es suficiente para pensar que en esta saga está operando de manera implícita la típica lógica occidental-cristiana. Para superar el mal, es necesario un justo; ese justo viene a luchar por la salvación; para lograrlo, se sacrifica; luego, asciende. 

En segundo lugar, la crítica a Gótica que hacen los tres grandes antagonistas no es sino una crítica a Occidente. Mi memoria no me falla al recordar que los tres lo dicen explícitamente en algunas escenas de la película, porque la corrupción de Gótica representa la corrupción de todo occidente. Por eso es que el film apunta mucho más allá de un superhéroe que golpea gente mala; se trata de una crítica a la moral social y política.

Por último, consideremos que EEUU es un país fundado en los principios cristianos-protestantes, y por lo tanto su cultura está tan influenciada por el cristianismo como lo está influenciada Latinoamérica por la cultura católico-romana. Por ello es que no deberíamos escandalizarnos con encontrar este tipo de significaciones implícitas al interior del cine Hollywoodense. 

Les cedo la palabra, hagan sus interpretaciones.

sábado, 7 de julio de 2012

Cristianismo o Espiritusantianismo: ¿la piedra angular nuevamente desechada?

La piedra es un símbolo muy importante en la Biblia. Sobre piedra Dios escribió los mandamientos. El joven David derribó a un gigante con una. Y obviamente, la piedra o roca más importante es Jesús, como diría el apóstol Pablo. Él es la piedra angular del edificio que es la fe cristiana, y de eso no debería haber duda alguna. Pero aunque parezca contradictorio, considero que a algunas iglesias cristianas se les ha olvidado que son “cristianas”, y si aun se consideran como tales, entonces han olvidado lo que significa el cristianismo. Como siempre, no pretendo generalizar, sino sólo hacer un examen de mentalidad que sirva como esquema conceptual.

En el siglo XIX se produjeron grandes movimientos evangelísticos que predicaron gran parte de las latitudes planetarias.  De estos movimientos se levantó lo que hoy conocemos como “pentecostalismo”, una facción que enfatizó fuertemente la manifestación del Espíritu Santo. Un lector que no sea evangélico o pentecostal difícilmente entendería este concepto, sin embargo los que sepan algo del tema sabrán a lo que me refiero. Estos primeros pentecostales, a pesar de recalcar la obra del Espíritu Santo, fueron influenciados por corrientes doctrinales claras con respecto a Cristo, su deidad, soberanía y Gracia. Es por esta razón que lograron mantener cierto equilibrio en sus enseñanzas. En el caso de Chile, el discurso del fundador del pentecostalismo era bastante enfático en la persona de Cristo; si bien creía en la obra del Espíritu –por algo era pentecostal- siempre recalcó en primer lugar a la persona del Salvador.

Sin embargo, he experimentado cierto quiebre con esta noción del pentecostalismo porque he vivido desde mi nacimiento en el ambiente pentecostal y he escuchado muchos sermones sobre el Espíritu Santo, pero extraño profundamente en mi memoria alguna predica dedicada a la importancia de la Crucifixión, Resurrección o siquiera la Deidad de Cristo que no estuviese enmarcada en Semana Santa. Esta evidencia experiencial –no sólo mía, sino compartida por muchos amigos de distintas congregaciones pentecostales- me ha motivado a profundizar en este problema.

Es evidente, sobre todo para los jóvenes de mi generación, que el pentecostalismo no es el mismo de antes; digo, no es el mismo del que nos hablaban nuestros abuelos. Quizá esta es una de las razones por las cuales este mismo escrito sea criticado: muchos pentecostales aún conservan en sus mentes el concepto antiguo, y por lo tanto conciben que una nota como ésta es inútil. Pero creo imprescindible dejar esa visión antigua como una evidencia de lo que era en el pasado, y hacer el ejercicio de ver lo que somos hoy. Por ello, un pentecostal medianamente reflexivo se dará cuenta que el pentecostalismo actual no es el mismo que nos enseñaron.

Tanto el pentecostalismo actual como sus derivaciones –lo que los cientistas sociales han denominado “neopentecostalismo”- comparten un rasgo muy marcado heredado del primer pentecostalismo: el énfasis en la obra milagrosa del Espíritu Santo. De ninguna forma pienso que sea malo tal énfasis. El problema es que no conservaron el vivo deseo de exaltar a Cristo. En estos días mucha juventud de estas congregaciones dice “soy salvado” pero no tienen noción alguna –y a veces nisiquiera interés- en saber lo que eso significa porque están más interesados en profundizar las maravillas que el Espíritu Santo hace. El “ser salvado” se convierte en una etiqueta de presentación útil para decir luego: “soy cristiano”, y luego de ese paso cortito se le instruye al sujeto a buscar ardientemente el fuego del Espíritu. Pero, ¿qué es ser salvado? ¿Qué es la salvación? ¿Por qué puedo ser salvo? Son preguntas olvidadas en pos del “poder de Dios”.

Nuestros antecesores tenían claro entendimiento de las prioridades de la fe. Hoy lamentablemente no es así. El énfasis exacerbado de lo “espiritual”, ha provocado que Cristo quede al margen, para ser festejado en la Navidad, la Santa Cena y la Semana Santa. El resto es espíritu y jolgorio. Además, esto ha producido una generación de juventudes cristianas con emociones saciadas hasta el extremo, pero que carece de un entendimiento claro de su fe. Cristo es el amigo joven que nos ayuda, nos bendice, y que también, por si acaso, nos ha salvado.

A este respecto, me interesa mucho citar a un autor del siglo XX que explicó esto de manera magistral. El pastor Francis Schaeffer planteó la existencia de un viejo pentecostalismo y uno nuevo. Quiero citar sus propias palabras sin temor a la extensión: “el antiguo pentecostalismo daba un énfasis tremendamente vigoroso al contenido de la Escritura y esto fue lo que constituyó una fuente dinámica para la evangelización… Eran gentes que creían realmente en el Evangelio; que tenían una alta estima por la doctrina”. Luego, y con un notorio pesar, señala: “pero el nuevo pentecostalismo pone todo su énfasis en los signos externos, en lugar de prestar atención al contenido, y convierte estas señales externas en la prueba, el test de la comunión y la aceptación de la iglesia… con tal que uno tenga señales, basta para ser aceptado…” (*).

Luego de esta aproximación, me permito señalar mi postulado. Considero que el pentecostalismo/neopentecostalismo posmoderno  no es un cristianismo. Es una lamentable desviación de éste. Quiero volver a señalar que creo firmemente en la obra del Espíritu Santo, que creo firmemente en los milagros, que creo en la profundidad de la vida espiritual; pero niego rotundamente que eso constituya el eje de mi fe en Dios. Con pesar observamos cómo el evangelio de Cristo es denigrado por aquellos incrédulos que ven los discursos de los neo y pentecostales. Somos el asmerreir no debido a la locura del evangelio, sino debido a nuestra propia locura.

El concepto de  los antiguos pentecostales sobre los milagros del Espíritu Santo se enfocaba en las sanidades corporales, en la provisión de alimento a los pobres o en la profundización de la vida espiritual. Todo esto emanaba de la idea de Cristo como compañero, como Dios de Amor. En cambio el (neo)pentecostalismo de hoy también habla de milagros, pero ya no con este tipo de significado, sino con uno mucho más ligado a la cultura posmoderna.

Es vergonzoso notar cómo los predicadores de hoy se esmeran en ofrecer a la iglesia y a la sociedad un mensaje de bienestar tan horrorosamente ligado a nuestra cultura del consumismo y el individualismo; cómo Dios se ha transformado en un supermercado o una farmacia. Dios es un Mall lleno de hermosas variedades para sus hijos. Dios quiere hacer milagros con nosotros regalándonos un buen 4X4, una casa en el barrio alto, dándonos buenos trabajos; un Dios de la utilidad material: o el Dios empresario.

El Espiritusantianismo ha llegado a un extremo en el que es imposible concebirlo como un cristianismo. Lo único que le queda de él es el uso de la Biblia, La realización de la Santa Cena, tal vez la Semana Santa o la Navidad. Pero estos son sólo rasgos externos; internos casi no los tiene. Un antiguo pentecostal que visitara las iglesias de hoy probablemente se decepcionaría. Willis Hoover no pensaba así. Tampoco los fundadores a nivel mundial.

En este tiempo no se puede hablar de pentecostalismo como se hacía antes. Cuando yo hablo de “pentecostalismo” bajo mi contexto actual, no puedo pensar en lo que eran los antiguos. Este pentecostalismo viciado de hoy es el que debe ser cambiado, no el concepto fundamental. El pentecostalismo original de la Biblia es una realidad, es el nuestro el que está errado.

El cristianismo es un hecho histórico. Trata de un personaje que se presentó ante la humanidad de sus días con un mensaje que prometía tres cosas: Reino de Dios, Perdón y Salvación. Estas eran sus ideas más recurrentes. Jesús de Nazaret. Sin el nacimiento virginal, sin la resurrección y sin la deidad de Cristo no habría salvación. Es prudente volver al inicio, al rudimiento: volver a entender lo que significa Cristo. En palabras de Schaeffer: “no vamos a decir que la fe cristiana ha de carecer de experiencia y emoción. Ambas cosas son necesarias. Pero ni la experiencia ni la emoción han sido jamás las bases de la fe cristiana. La base para nuestra fe la constituye el hecho de que ciertas cosas son verdad”.

Es tiempo de pedir perdón por olvidar que todo lo que somos, lo que creemos y lo que anhelamos para nuestras almas se debe a la presencia eterna de la piedra angular que hace mucho tiempo otros desecharon, y que los que construimos a partir de ella –ya sea por ignorancia o inocencia- también hemos estado a punto de desechar.

(*) el texto completo de Schaeffer titulado "los caminos de la juventud, hoy: la nueva superpespiritualidad" se puede descargar desde el siguiente link: http://all-shares.com/folder/25872423/francis-schaeffer-los-caminos-de-la-juventud-hoy