Mi foto
Talca, Región del Maule, Chile
Me describo como un tipo común y corriente, sincero, humilde, auténtico, original, carismático, con sentido del humor, etc. Tengo mis ideas súper claras, en resumen creo ser una buena persona que no anda aparentado ser lo que no es. Soy una persona tan común y corriente como cualquiera de ustedes, con las mismas debilidades y errores. Al igual que la mayoría, también me cuesta orar y leer la Biblia, pero siempre hago el esfuerzo por intentar llevar una vida de integridad en obediencia a Dios. Mi vida es el ministerio y el ministerio también es mi vida, no podría separarlos jamás. Yo soy esto, soy un hombre común y corriente que sirve al Señor. La única diferencia con algunos otros, es que lo muestro, nada más. No trato de ser correcto, ni de hacerme el espiritual. En todo caso, soy espiritualmente normal.

sábado, 7 de julio de 2012

Cristianismo o Espiritusantianismo: ¿la piedra angular nuevamente desechada?

La piedra es un símbolo muy importante en la Biblia. Sobre piedra Dios escribió los mandamientos. El joven David derribó a un gigante con una. Y obviamente, la piedra o roca más importante es Jesús, como diría el apóstol Pablo. Él es la piedra angular del edificio que es la fe cristiana, y de eso no debería haber duda alguna. Pero aunque parezca contradictorio, considero que a algunas iglesias cristianas se les ha olvidado que son “cristianas”, y si aun se consideran como tales, entonces han olvidado lo que significa el cristianismo. Como siempre, no pretendo generalizar, sino sólo hacer un examen de mentalidad que sirva como esquema conceptual.

En el siglo XIX se produjeron grandes movimientos evangelísticos que predicaron gran parte de las latitudes planetarias.  De estos movimientos se levantó lo que hoy conocemos como “pentecostalismo”, una facción que enfatizó fuertemente la manifestación del Espíritu Santo. Un lector que no sea evangélico o pentecostal difícilmente entendería este concepto, sin embargo los que sepan algo del tema sabrán a lo que me refiero. Estos primeros pentecostales, a pesar de recalcar la obra del Espíritu Santo, fueron influenciados por corrientes doctrinales claras con respecto a Cristo, su deidad, soberanía y Gracia. Es por esta razón que lograron mantener cierto equilibrio en sus enseñanzas. En el caso de Chile, el discurso del fundador del pentecostalismo era bastante enfático en la persona de Cristo; si bien creía en la obra del Espíritu –por algo era pentecostal- siempre recalcó en primer lugar a la persona del Salvador.

Sin embargo, he experimentado cierto quiebre con esta noción del pentecostalismo porque he vivido desde mi nacimiento en el ambiente pentecostal y he escuchado muchos sermones sobre el Espíritu Santo, pero extraño profundamente en mi memoria alguna predica dedicada a la importancia de la Crucifixión, Resurrección o siquiera la Deidad de Cristo que no estuviese enmarcada en Semana Santa. Esta evidencia experiencial –no sólo mía, sino compartida por muchos amigos de distintas congregaciones pentecostales- me ha motivado a profundizar en este problema.

Es evidente, sobre todo para los jóvenes de mi generación, que el pentecostalismo no es el mismo de antes; digo, no es el mismo del que nos hablaban nuestros abuelos. Quizá esta es una de las razones por las cuales este mismo escrito sea criticado: muchos pentecostales aún conservan en sus mentes el concepto antiguo, y por lo tanto conciben que una nota como ésta es inútil. Pero creo imprescindible dejar esa visión antigua como una evidencia de lo que era en el pasado, y hacer el ejercicio de ver lo que somos hoy. Por ello, un pentecostal medianamente reflexivo se dará cuenta que el pentecostalismo actual no es el mismo que nos enseñaron.

Tanto el pentecostalismo actual como sus derivaciones –lo que los cientistas sociales han denominado “neopentecostalismo”- comparten un rasgo muy marcado heredado del primer pentecostalismo: el énfasis en la obra milagrosa del Espíritu Santo. De ninguna forma pienso que sea malo tal énfasis. El problema es que no conservaron el vivo deseo de exaltar a Cristo. En estos días mucha juventud de estas congregaciones dice “soy salvado” pero no tienen noción alguna –y a veces nisiquiera interés- en saber lo que eso significa porque están más interesados en profundizar las maravillas que el Espíritu Santo hace. El “ser salvado” se convierte en una etiqueta de presentación útil para decir luego: “soy cristiano”, y luego de ese paso cortito se le instruye al sujeto a buscar ardientemente el fuego del Espíritu. Pero, ¿qué es ser salvado? ¿Qué es la salvación? ¿Por qué puedo ser salvo? Son preguntas olvidadas en pos del “poder de Dios”.

Nuestros antecesores tenían claro entendimiento de las prioridades de la fe. Hoy lamentablemente no es así. El énfasis exacerbado de lo “espiritual”, ha provocado que Cristo quede al margen, para ser festejado en la Navidad, la Santa Cena y la Semana Santa. El resto es espíritu y jolgorio. Además, esto ha producido una generación de juventudes cristianas con emociones saciadas hasta el extremo, pero que carece de un entendimiento claro de su fe. Cristo es el amigo joven que nos ayuda, nos bendice, y que también, por si acaso, nos ha salvado.

A este respecto, me interesa mucho citar a un autor del siglo XX que explicó esto de manera magistral. El pastor Francis Schaeffer planteó la existencia de un viejo pentecostalismo y uno nuevo. Quiero citar sus propias palabras sin temor a la extensión: “el antiguo pentecostalismo daba un énfasis tremendamente vigoroso al contenido de la Escritura y esto fue lo que constituyó una fuente dinámica para la evangelización… Eran gentes que creían realmente en el Evangelio; que tenían una alta estima por la doctrina”. Luego, y con un notorio pesar, señala: “pero el nuevo pentecostalismo pone todo su énfasis en los signos externos, en lugar de prestar atención al contenido, y convierte estas señales externas en la prueba, el test de la comunión y la aceptación de la iglesia… con tal que uno tenga señales, basta para ser aceptado…” (*).

Luego de esta aproximación, me permito señalar mi postulado. Considero que el pentecostalismo/neopentecostalismo posmoderno  no es un cristianismo. Es una lamentable desviación de éste. Quiero volver a señalar que creo firmemente en la obra del Espíritu Santo, que creo firmemente en los milagros, que creo en la profundidad de la vida espiritual; pero niego rotundamente que eso constituya el eje de mi fe en Dios. Con pesar observamos cómo el evangelio de Cristo es denigrado por aquellos incrédulos que ven los discursos de los neo y pentecostales. Somos el asmerreir no debido a la locura del evangelio, sino debido a nuestra propia locura.

El concepto de  los antiguos pentecostales sobre los milagros del Espíritu Santo se enfocaba en las sanidades corporales, en la provisión de alimento a los pobres o en la profundización de la vida espiritual. Todo esto emanaba de la idea de Cristo como compañero, como Dios de Amor. En cambio el (neo)pentecostalismo de hoy también habla de milagros, pero ya no con este tipo de significado, sino con uno mucho más ligado a la cultura posmoderna.

Es vergonzoso notar cómo los predicadores de hoy se esmeran en ofrecer a la iglesia y a la sociedad un mensaje de bienestar tan horrorosamente ligado a nuestra cultura del consumismo y el individualismo; cómo Dios se ha transformado en un supermercado o una farmacia. Dios es un Mall lleno de hermosas variedades para sus hijos. Dios quiere hacer milagros con nosotros regalándonos un buen 4X4, una casa en el barrio alto, dándonos buenos trabajos; un Dios de la utilidad material: o el Dios empresario.

El Espiritusantianismo ha llegado a un extremo en el que es imposible concebirlo como un cristianismo. Lo único que le queda de él es el uso de la Biblia, La realización de la Santa Cena, tal vez la Semana Santa o la Navidad. Pero estos son sólo rasgos externos; internos casi no los tiene. Un antiguo pentecostal que visitara las iglesias de hoy probablemente se decepcionaría. Willis Hoover no pensaba así. Tampoco los fundadores a nivel mundial.

En este tiempo no se puede hablar de pentecostalismo como se hacía antes. Cuando yo hablo de “pentecostalismo” bajo mi contexto actual, no puedo pensar en lo que eran los antiguos. Este pentecostalismo viciado de hoy es el que debe ser cambiado, no el concepto fundamental. El pentecostalismo original de la Biblia es una realidad, es el nuestro el que está errado.

El cristianismo es un hecho histórico. Trata de un personaje que se presentó ante la humanidad de sus días con un mensaje que prometía tres cosas: Reino de Dios, Perdón y Salvación. Estas eran sus ideas más recurrentes. Jesús de Nazaret. Sin el nacimiento virginal, sin la resurrección y sin la deidad de Cristo no habría salvación. Es prudente volver al inicio, al rudimiento: volver a entender lo que significa Cristo. En palabras de Schaeffer: “no vamos a decir que la fe cristiana ha de carecer de experiencia y emoción. Ambas cosas son necesarias. Pero ni la experiencia ni la emoción han sido jamás las bases de la fe cristiana. La base para nuestra fe la constituye el hecho de que ciertas cosas son verdad”.

Es tiempo de pedir perdón por olvidar que todo lo que somos, lo que creemos y lo que anhelamos para nuestras almas se debe a la presencia eterna de la piedra angular que hace mucho tiempo otros desecharon, y que los que construimos a partir de ella –ya sea por ignorancia o inocencia- también hemos estado a punto de desechar.

(*) el texto completo de Schaeffer titulado "los caminos de la juventud, hoy: la nueva superpespiritualidad" se puede descargar desde el siguiente link: http://all-shares.com/folder/25872423/francis-schaeffer-los-caminos-de-la-juventud-hoy

martes, 26 de junio de 2012

Cristianismo y cultura: la vigencia del discurso contra la indiferencia cien años después.


Este escrito es una reseña a un texto clásico del protestantismo, y lo hago en el marco de los cien años de historia que tiene. Va dirigido a todos aquellos amigos y lectores preocupados por la Iglesia del Presente en Chile.

Hace unos tres años solicité el envío gratuito de material reformado a una institución española. Entre los libros venía la Institución de la Religión Cristiana de Juan Calvino, otros dos libros voluminosos, y un pequeño folleto de 22 páginas escrito por el pastor presbiteriano J. Gresham Machen titulado “Cristianismo y cultura”. Al principio lo miré en menos porque era una revistita al lado de los inmensos volúmenes de Calvino.

Sin embargo, éste ha sido uno de los textos que más ha influido en mi cosmovisión. Había ingresado a la universidad hace un año, y me vi enfrentado al conflicto entre razón y fe. Venía de un contexto en el que la lectura y el razonamiento eran despreciados debido a que se pensaba que el intelecto es antagonista de la creencia. Entonces, entré a una carrera donde lo que más había que hacer era leer y razonar críticamente. Me pregunté qué sucedería: pensé que debía escoger entre mi fe pentecostal, o la razón crítica promovida por la universidad.

Entonces tomé el texto. Estéticamente el cuadernillo es atractivo, y su titulo lo es igualmente. Pero su tamaño me desconcertaba. Pensé que era muy pequeño como para resolver un dilema tan grande. Sin embargo, no contaba con nada más que eso para informarme sobre el problema, así que decidí leerlo. Después de la Biblia, este texto fue como un bálsamo a mi intelecto quebrantado.

Fue una sorpresa enterarme de que ni siquiera se trataba de un texto académico; era un discurso. El Dr. Machen, no obstante, hizo un trabajo de alta especificidad, exponiendo ideas que me fueron totalmente nuevas. Él concibe que La Iglesia cristiana está en conflicto con la ciencia o cultura; hay que recordar que escribe en 1912, época en que se veía un auge del cientificismo y el positivismo; todo debía comprobarse, incluso la existencia de Dios. Se hablaba incesantemente sobre lasecularización de occidente, es decir, que en algún momento del desarrollo científico todo iba a ser razonable, y ya no se necesitaría más a la religión: se esperaba su desaparición. Otros, como John Stuart Mill, optaron por pensar que la religión existía solamente debido a que brindaba una utilidad: a través de ella se propagaban los valores. Pero también concebía su pronta desaparición: finalmente sólo nos quedaríamos con su ética, y prescindiríamos de su teología.

El panorama no era mejor dentro de los círculos cristianos. Se observaba la proliferación de teólogos liberales, dentro del protestantismo, que negaban la divinidad de Jesús, el nacimiento virginal, y aún la resurrección… y seguían siendo “cristianos”. A su vez, aumentaba notoriamente el movimiento evangelístico mundial, que entre el siglo XIX Y XX revolucionó los ambientes espirituales.

El Pastor Machen notó que la cristiandad estaba dividida. Por una parte, estaban aquellos que adaptaron la fe al cientificismo moderno, es decir, que aplicaron la razón crítica a los textos bíblicos y redujeron el cristianismo a una mera ética. No se refiere a estos con mayor detalle. Sin embargo, había una rama de tendencia académica que se dedicaba al estudio profundo de los textos bíblicos y la historia, mientras que por otro lado, estaban los de tendencia práctica que insistían en la evangelización mundial sin importar lo intelectual. El conflicto que él observa se da fundamentalmente entre estas dos ramas.

 ¿Por qué no consideró la otra de los liberales? Porque no podía llamar cristianos a quienes negaban la divinidad de la historia de la salvación en Cristo. Él sabía que si los dos polos mencionados llegaban a un acuerdo, la Iglesia confesional podría dar una respuesta a la cultura científica atea. Debía haber una propuesta conjunta entre los que enfatizaban la evangelización, y los que enfatizaban el estudio teológico-bíblico. Los primeros se veían a sí mismos en un conflicto con el mundo, y pensaban que el único deber de la iglesia era evangelizar y salvar la mayor cantidad de personas que fuera posible. Los otros, buscaban explicaciones confesionales para responder a una cultura atea. El pastor Machen consideraba una posible relación entre estas dos facciones porque el punto común de ambas es que eran confesionales, mantenían la fe en Jesús como Cristo, Dios verdadero.

Machen pensaba que si este problema interno no se solucionaba, iba a ser imposible que la Iglesia pudiese dar una respuesta satisfactoria al mundo. Incluso, se puede deducir que Machen atribuye ese problema entre Iglesia y Cultura precisamente porque La Iglesia no había reflexionado sobre eso hasta antes del cientificismo moderno. Esto se evidencia precisamente en la existencia de las dos corrientes antagónicas mencionadas. Una iglesia dividida no iba a lograr nada. Por lo tanto, él estaba intentando proponer un modelo desde una contingencia crítica.

La Iglesia, según Machen, tiene tres formas de afrontar su problema con la cultura. La primera es que el cristianismo se subordine a ella. En el contexto en que escribe, subordinarse a la cultura significa quitar los elementos sobre-naturales de la fe cristiana, es decir, ajustarla al paradigma moderno de lo comprobable. Precisamente en este punto se hallaban los teólogos liberales. La segunda forma es que el cristianismo sea indiferente o contrario a la cultura. En esta faceta se hallaban los del lado práctico, que no estaban interesados en tratar de luchar por una cosmovisión integral cristiana –y que negaban la razón y todo acto intelectual- sino únicamente en evangelizar personas. Y la tercera solución es aquella por la que Machen aboga. Es llamada consagración, que planteaba la idea de consagrar la cultura al Reino de Dios.

Es entonces que esboza la siguiente afirmación: “el cristianismo tiene que saturar, no tan solo todas las naciones, sino también todo el pensamiento humano”. Por lo tanto, no debe sólo dedicarse a la evangelización, sino también al pensamiento. Ambas cosas no son opuestas. Y es a partir de este razonamiento que concluye: “El Reino de Dios debe ser promovido; no sólo en ganar a todo hombre para Cristo, sino ganar al hombre entero”. Este punto es crucial porque pone en contacto a ambas corrientes de la Iglesia. Por lo tanto, la respuesta satisfactoria de la Iglesia a la Cultura consiste precisamente en que haya un reconocimiento de ambos polos en la legitimidad de uno y otro. Que los prácticos reconozcan la labor de los académicos, y que los académicos respeten el empuje de los prácticos. Así, unos llevan en el Reino de Dios en el frente de las personas, y otros en el frente de las academias. Ambos están desarrollando labores loables.

Establece sólo un requisito: haber recibido la poderosa experiencia de la regeneración. Tanto el erudito como el evangelista deben ser conocedores de Cristo. Esto implica que la aceptación de que “El cristianismo es la proclamación de un hecho histórico: que Jesucristo resucitó de los muertos”. Solo un regenerado puede afirmar –y creer- eso en una cultura moderna cientificista y atea.

En el 2012 estamos frente un problema similar. Las cosas no han cambiado del todo, pero Machen inspirado por Dios nos ofrecía una respuesta. A los chilenos especialmente, este ensayo nos sería de gran utilidad. El pentecostalismo chileno se ha caracterizado por heredar una mentalidad centenaria; en gran parte ha conservado las ideas de su fundador, Willis Hoover. Él dirigió el avivamiento apenas 3 años antes de que Gresham Machen diera este discurso, y fue parte de este enorme conflicto cultural, y también tuvo las mismas interrogantes según se observa en algunos de sus escritos. Muchas iglesias provenientes o influidas por el avivamiento de 1909 son portadoras de esa mentalidad Hooveriana enmarcada en un conflicto de 100 años atrás, pero ya no podemos ser indiferentes por más tiempo al problema que se nos pone en frente. La respuesta de un contemporáneo a Hoover nos será muy satisfactoria para iniciar una ardua reflexión sobre nuestra cultura posmoderna ahora, cien años después.

Luis Aranguiz Kahn.
Link para descargar "cristianismo y cultura":
http://www.iglesiareformada.com/Machen_cristianismo_y_cultura.pdf

miércoles, 6 de junio de 2012

"Te pondrá Jehová por cabeza y no por cola" (pero hacen falta también las colas)


En nuestra finquita tenemos cinco perros, todos con cola, ¡A Dios gracias! Con sus colas ellos nos expresan su alegría y su amor. Para los perros, la cola es como una segunda lengua para expresarse.

No soy biólogo ni tengo la menor idea de la función del rabo en los animales, pero no quiero que nadie me los quite. ¿Quién puede imaginar un mundo en que ningún animal tenga cola?  ¡Que nuestro buen Dios no lo permita! ¿Cómo nos hablarían nuestros perros si no tuvieran cola? Y aun peor, ¿cómo sería si los animales fuesen toda cabeza, sin más cuerpo que eso?

Por supuesto, los humanos no llevamos cola; nuestro texto es una analogía del mundo animal. Una versión antropomórfica del texto podría ser, "Te pondré Jehová por cabeza y no por dedo gordo del pie izquierdo". Y de nuevo el problema. ¿Cómo sería una sociedad, o una iglesia, en qué todos son cabeza y no existen los demás órganos y miembros, incluso el dedo gordo del pie izquierdo?  ¿Podría ser eso la voluntad de Dios?

El texto arriba citado, tomado fuera de contexto por los predicadores de la prosperidad, parece ser la cita de un dicho popular. El pasaje aparece al final de la lista de condiciones y bendiciones del pacto (Dt. 28:1-14), antes de expresar, con mucho más detalle, las consecuencias de la desobediencia (28:15-68). El versículo entero reza: "Te pondrá Jehová por cabeza, y no por cola; estarás encima solamente, y no estarás debajo, si obedecieres los mandamientos de Jehová" (Dt 28.13).

Uno de los vicios de nuestra mentalidad moderna es nuestro individualismo egocéntrico, que ve la sociedad sólo como un conglomerado matemático de individuos atómicamente aislados. Ese individualismo es un fenómeno moderno relativamente reciente. En el pensamiento bíblico no se concebía al individuo fuera de la comunidad, ni una comunidad despersonalizada y despersonalizadora. Por eso todo este texto se dirige al pueblo como pueblo (Dt. 27:11), y lo individual (partos, lactancia, cosechas, etc) aparece como aspectos de la vida comunitaria, en una relación integral de persona y comunidad.

En el contexto de este versículo, es obvio que se refiere a la nación, personificada como un "tú", y no a individuos puestos encima de otros individuos. La frase anterior, "prestarás a muchas naciones y tú no pedirás prestado" (28:12), en el contexto antiguo no se refiere a las finanzas personales sino a la economía nacional: serás una nación acreedora y no deudora. (Las mismas frases en 28:43-44 se aplican específicamente al extranjero). En el mismo sentido, en el terreno internacional Israel será como cabeza, arriba y no abajo. Lo mismo se aplica a la promesa en 28:7, que Dios derrotará a los enemigos de su pueblo, texto que no debe aplicarse a los enemigos personales, como hacen algunos predicadores.  Por eso dice el pasaje, "te confirmará Jehová por pueblo santo suyo" (v.9) y "verán todos los pueblos de la tierra que el nombre de Jehová es invocado sobre ti, y te temerán" (v.10).

Si este versículo se aplicara a individuos y no a Israel como nación, produciría un escenario realmente ridículo, en que todos son cabezas (o si no son cabeza, es por su pecado o falta de fe). Un ejército de puros comandantes sin soldados rasos; un pueblo de puros caciques sin indios, como dice el refrán. La verdad es que en la iglesia sobran "cabezas" y hacen falta más y mejores "colas".

Con la interpretación individualista de este texto salen otras preguntas: ¿cabeza de qué? Aquí cabe el refrán "mejor cabeza de ratón que cola de león", pero también, mejor ser una buena cola que una mala cabeza (como las hay tantas). Y también, si voy a estar encima, entonces ¿encima de quién? Hace poco un predicador puso a todos a repetir juntos, "Fui hecho para estar arriba". ¡Cómo los valores paganos de nuestra sociedad infiltran a la iglesia! ¡La competencia es la ley de la vida! Si estoy yo arriba, no importa que otros tengan que estar abajo.  ¿Es eso la voluntad de Dios para ellos?

Esta promesa, que en su época se dirigía al pueblo teocrático de Israel, tampoco debe aplicarse hoy a ninguna nación moderna. Hace poco escuché por radio una canción que decía, "Bendice a Costa Rica y sus siete provincias, bendice a sus pescadores y agricultores, porque Dios te ha escogido... Oye las promesas que Dios te ha hecho, te pondré encima de todas las naciones". ¡Costa Rica es el nuevo Israel, el pueblo escogido de Dios! ¿Y qué de Nicaragua y las demás naciones?  Ya la historia ha demostrado los resultados funestos de naciones  mesiánicas que creen tener un destino manifiesto de salvar al mundo.

Un último comentario sobre Deut 28:13. Esta promesa, como muestra el versículo siguiente, traía una condición crucial: no "ir tras dioses ajenos y servirlos" (28:14). La promesa es premio por la fidelidad al único Dios y el rechazo de toda tentación idólatra. Por eso dijo Jesús, "No podéis servir a Dios y a las riquezas" (Mt 6:24; Lc 16:13) y San Pablo condenó "la avaricia, la cual es idolatría" (Col 3:5). Estos predicadores, en vez de estar fomentando la avaricia, deben de amonestar al pueblo contra las muchas idolatrías de nuestra sociedad contemporánea.

La mala interpretación con que estos predicadores manipulan un texto fuera de contexto va contra la enseñanza central de la Biblia, especialmente la de Jesús. El modelo social del pueblo hebreo, como muestra el año sabático y el Jubileo, era la igualdad (ver tres artículos anteriores, 11.18.08, 4.6.08; cf. 8.5.09). En el reino de Dios, todos somos reyes; nadie más rey que otro, nadie menos rey. Jesús mismo vino como un siervo (Lc 22:25-27; Jn 13), no para estar encima de nadie. Por eso dijo Jesús que los primeros serán postreros y los postreros primeros (Mt 19:30; 20:16; Mr 10:31; Lc 13.30). Según Jesús, a quien acepta ser cola, Dios lo tendrá por cabeza. ¡Cuanto más pequeño, tanto más grande! Para ser cabeza, hay que ser siervo de todos.

Un texto de San Pablo aplica una analogía fisiológica muy parecida al adagio de Deut 28:13, pero con un enfoque muy distinto:

Además, el cuerpo no es un solo miembro sino muchos.
Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo?
Y si dijera la oreja: Porque no soy ojo,  no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo?
Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído?
Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato?
Más Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso...
Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito,
ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros.
Antes bien los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios;
y a aquellos que nos parecen menos dignos,
a éstos vestimos más dignamente;
y los que en nosotros son menos decorosos,
se tratan con más decoro.
Porque los que en nosotros son más decorosos, no tienen necesidad;
pero Dios ordenó el cuerpo, dándole más honor al que le faltaba...
                                                  (1 Cor 12:14-24)

¡Más claro no canta el' gallo!

Publicado en:
http://juanstam.com/dnn/Blogs/tabid/110/EntryID/349/Default.aspx



José Luis Sepúlveda Barriga

Cristiano Pentecostal


LUIS JOSE